En nuestros países, todo se va para no volver, excepto el populismo. Es un sino trágico que, de tantas cosas bellas y espléndidas que perecen en el mundo, la cepa latinoamericana del virus populista universal desafíe al tiempo, a las instituciones y al sentido común, prevaleciendo sin morir. Mas no debemos asombrarnos, pues como nuestros paisanos mantienen la infausta ilusión que la política resuelve todo, y de mágica manera, el populismo de estas tierras tiene aquí su mayor y más pertinaz influencia.
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