17de Maig de 2012
Cinecat
No va de cine ni de lengua
09/03/2009 Francesc-Marc Álvaro
Sensación de déjà vu.Regresa el debate sobre el idioma en el cine que se exhibe en las salas de Catalunya porque la Conselleria de Cultura pone sobre la mesa una nueva ley del Cinema que obligaría a distribuir un cincuenta por ciento en catalán y un cincuenta por ciento en castellano (siempre en títulos con más de cincuenta copias). El catalanohablante que quiere ver una película doblada o subtitulada en su lengua lo tiene todo en contra. Y debe argumentar contra el mundo dado por descontado. Vayamos por partes.

1. Esta discusión no es sobre la lengua ni sobre el cine. En realidad, se trata de responder con sinceridad a una pregunta muy clara: ¿Qué es importante para usted? Para un ciudadano español castellanohablante de Sevilla, Salamanca o Barcelona, poder ver una película norteamericana doblada (o subtitulada) al castellano es muy importante. Pero no lo sabe, porque la realidad fluye en la dirección de su interés. Nunca ha pensado que pueda ser de otro modo. Todo el cine que se exhibe en España, incluida Catalunya, está doblado al castellano. En cambio, el ciudadano español catalanohablante es sistemáticamente ignorado cuando entra en un cine y compra o alquila un DVD. ¿Puede vivir un catalanohablante sin que sus hijos vean los éxitos de Walt Disney en la lengua de su hogar? Puede y, de hecho, lo hace. No tiene más remedio.

Por analogía, un catalanohablante también podría vivir sin TV3, sin emisoras de radio y sin periódicos en catalán. Llevado este argumento hasta el final, la conclusión es rotunda: el idioma catalán es un lujo superfluo, dado que todos los catalanohablantes son hoy bilingües, perfectamente capaces de manejarse en castellano. ¿Por qué deberían seguir escribiendo sus obras en catalán Porcel y Monzó? Como diría Fernando Savater, utilicemos "la lengua común" y orillemos aldeanismos. Pedir cine en catalán es "el brote identitario", pero ver cine en castellano es "lo normal". Huelga decir que el mayor problema para avanzar es que a una parte considerable de catalanohablantes les importa un comino ser tratados como ciudadanos de segunda. El indígena, tras siglos de rodillo, ya no percibe su situación. ¿Se imaginan un boicot de espectadores a las majors de la distribución cinematográfica? En Catalunya, no.

2. El ministro de Cultura, César Antonio Molina, ha declarado que la situación del catalán en el cine "es un tema de Catalunya". De esta declaración se deriva que el Gobierno de España se desentiende de la suerte de un idioma oficial español y de los derechos de unos españoles que tienen la mala suerte de ser catalanohablantes. ¿Por qué el president Montilla no exige a Zapatero (otrora líder de la España plural) que la interlocución con las grandes distribuidoras y productoras sea llevada por el Gobierno central? También la ministra Chacón, además de practicar el feminismo de pasarela, podría recordar algún día que fue la más votada por los catalanes.

Asimismo, la Generalitat es parte del Estado y, por tanto, puede y debe solicitar el apoyo solidario de todas sus estructuras. ¿No se hace así cuando hay una grave sequía o cuando se planifican grandes infraestructuras?

¿Acaso los catalanohablantes no hacemos la declaración de la renta? La lealtad institucional que se reclama a Catalunya no se concreta nunca en sentido inverso, al contrario. Es obvio que el poder de una autonomía no es el de un estado. Para muestra, un botón: el Tribunal de Luxemburgo ha avalado la ley española que obliga a las televisiones privadas a invertir el 5% de sus ingresos en películas europeas. Un 60% de ese porcentaje debe ser para lenguas oficiales de España, lo que, en la práctica, supone reforzar la presencia del castellano.

3. Los socialistas se mofaron ayer de la iniciativa del conseller convergente Pujals en favor del catalán y hoy, en cambio, no tienen más remedio que permitir a los independentistas que retomen el objetivo de CiU. Pero ello no es suficiente, aunque es un paso notable. Una cosa es un gobierno de coalición que formalmente asume ciertos proyectos y otra cosa es la batalla de las ideas en la sociedad. ¿Pondrá el PSC su envejecida, aunque omnipresente, force de frappe opinativa al servicio de la nueva ley del Cinema? Los medios y firmas que siguen las consignas de la calle Nicaragua no moverán ni un dedo por el conseller Tresserras. Se lo mirarán de lejos, dejando que la Brunete mediática (la carca y la progre) se divierta.

Esta es una de las grandes paradojas de la apuesta de ERC por el tripartito: a la hora de la verdad, cuando tratan de hacer valer su catalanismo, los de Puigcercós están solos en los medios y deben pedir ayuda a lo que el socialista Joan Ferran llama "costra nacionalista". Unos días antes de dar a conocer la ley, me llamó el amigo Eduard Voltas, secretario de Cultura, porque quería explicarme el proyecto. Voltas sabe muy bien que soy favorable a cualquier medida democrática que refuerce la presencia social del catalán. Sería más útil que Voltas tratara de convencer a otros opinadores, autodenominados "progresistas", empezando por aquellos que todavía escriben y hablan como si CiU siguiera gobernando la Generalitat. Por lo demás, tengo una duda: ¿ERC lanza esta ley para compensar su sumisión a Montilla y subir en los sondeos o porque se lo ha trabajado más y mejor que CiU en el pasado?

Article publicat a La Vanguardia el 09/03/09.
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